¿A qué le abres la puerta?


“Por último, hermanos, piensen en todo lo verdadero, en todo lo que es digno de respeto, en todo lo recto, en todo lo puro, en todo lo agradable, en todo lo que tiene buena fama. Piensen en toda clase de virtudes, en todo lo que merece alabanza.”

—Filipenses‬ ‭4‬:‭8‬

Desde hace más de un mes borré de mi celular la app de Instagram y la de X.

¡Cuánto me ha cambiado la vida!

Vuelvo a tener tiempo de leer libros y blogs valiosos en gran cantidad.

Parece exageración, pero no. De verdad te lo digo, si te quitas la tentación de estar viendo pura tontería o malas noticias, antes de tres días notarás un enorme cambio en tu sentir y en tu visión del mundo.

Por más optimista que sea, noté hace meses que empezaba a preocuparme como nunca antes.

Luego noté que revisaba X e IG como nunca antes.

Ahí encontré la relación.

Y si quería comprobar que existía, la mejor y más rápida manera era eliminarlas. Esperé. Noté mi arco reflejo ya de estar tomando mi celular para ver hasta el lugar de la pantalla donde estaban esas apps. Ahora ahí puse apps de lectura de libros. Sí, noté perfecto cómo, cuando sucedía el más mínimo espacio libre, de inmediato sentía el impulso de revisar el celular. Desarrollé el hábito, el vicio. Ya casi ir al baño sin celular era impensable. Y qué ironía que lo que vas a sacar ahí, por llevarte el celular, parece que te lo estás metiendo.

El análisis funcional de la conducta me ha enseñado algo muy sencillo: muchas veces no basta con “echarle ganas”; hay que quitar el disparador.

IG y X eran disparadores de malestar en mí.

Los quité.

Mi malestar bajó ostensiblemente y muy rápido.

Parece que los pensamientos llegan solos. Y no. No es así. Llegan como consecuencia de la información que elegimos meter a nuestras mentes. Y cada vez que entras a una red social, has hecho una elección para un bombardeo de información. Esta puede «parecer» inofensiva o, incluso, de temas agradables que hayas elegido… pero hasta esas tienen un precio. Verás las otras. Vienen mezcladas.

Haz la prueba. Borra esas aplicaciones de tu celular por tres días.

Tranquilo. Luego las puedes volver a descargar si no aguantas.

Pero haz la prueba.

Tres días.

Y observa cómo te sientes. Observa si ya dependes mucho de ellas, sintiendo cierta ansiedad tan solo ante la idea de borrarlas. Porque si piensas que no necesitas borrarlas porque tú puedes controlar cuándo entras a verlas o no, eso suena al clásico comentario del alcohólico que dice que él puede dejar de tomar cuando quiera, mientras se está tomando una cerveza. Comportamiento de adicto.

Por eso abrí esta breve reflexión con ese versículo donde Pablo les recomienda a los filipenses pensar de esa manera. Lee despacio el versículo. ¡Qué características de pensamiento recomienda! Y es de notar que dos versículos anteriores, Pablo dice:

«No se preocupen por nada, más bien pídanle al Señor lo que necesiten y agradézcanle siempre.
La paz de Dios hará guardia sobre todos sus pensamientos y sentimientos porque ustedes pertenecen a Jesucristo. Su paz lo puede hacer mucho mejor que nuestra mente humana».

—Filipenses 4:6-7

«No se preocupen por nada…». ¿Cómo lograr eso? La respuesta está en el versículo 8, el que te cité como apertura de esta breve reflexión.

Hay que elegir con inteligencia qué metemos en nuestra mente.

Porque de nuestras elecciones depende mucho nuestro sentir, nuestro estar y nuestro actuar.

Repito, no todo pensamiento llega solo.

Muchos entran porque nosotros les abrimos la puerta.

Llévate esta idea para siempre: cada vez que tomas tu celular, en realidad estás abriendo una puerta.

Ahí, las delicadas preguntas son:

¿A qué le estás abriendo la puerta? ¿Qué vas a dejar entrar en ti?

¡Emoción por entender!

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Alejandro Ariza Z.


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