Qué cosas.
Luego de la entrada que publiqué ayer aquí en mis ArizAnécdotas, «Es peligrosa esa frase», sentí el impulso de compartírsela directo al wasap de mi amigo, aquel inteligente y sensible. Y bueno, volví a confirmar que esos adjetivos bien lo caracterizan.
Luego de haberle enviado un saludo con mi entrada, quise compartirle el hilo conductor que me llevó a enviárselo:
—Encontré esta nota y decidí publicarla. Ahí nombro la entrevista que le hice a Parise gracias a tu intervención. ¡Ya hace ocho años de eso!
—Es una estupenda entrevista, de las mejores que le han hecho, a mi gusto —y continuó luego de que la leyó—. Qué bonita anécdota; gracias por compartir, mi querido y estimado Ariza. ¿Cómo está todo en tu vida?
—Caminando.
—Me intriga saber cómo te fue con el envión de poder que le imprimiste a aquel negocio del que hablamos en enero.
—Pues, terminó en lo mismo… Un inicio poderoso, el que imprime la emoción del líder, y a los pocos meses, sin mi impulso, la gente no hace nada.
—Qué difícil es romper las estructuras mentales que nos ordenan vivir haciendo cosas difíciles porque ahí está lo que vale la pena.
Siempre he afirmado que la «cultura del esfuerzo» está muy sobrevalorada y, para muchos, es fuente de autoestima e identidad. Precisamente por eso, cuando se les presenta una oportunidad de tener éxito fácilmente, es muy difícil de creer y actuar en consecuencia. Y si alguien se atreve a creer, tiene que romper su identidad. Ese intercambio es casi imposible para la mayoría. Le seguí escribiendo a mi amigo:
—La gente no alcanza a ver lo lógico y sencillo. Por cierto, me di tiempo de ver toda la entrevista que le hice a Parise y hoy le escuché una frase, apenas hoy, ocho años después… ¡Que no le escuché aquel día!
—Es el trabajo del brasero; hay que estarle soplando al fuego eternamente. Así es trabajar con la gente, ¿verdad?
Cuando comentó eso, pensé en uno de los principios que explico en mi conferencia de «Ser líder«:
El líder escribe en la arena.
Sí, así es. Y bueno, cuando uno llega a cierta etapa, uno se cansa de tan peculiar labor, por lo menos yo. Quizá por eso afirmo que es un reto llegar a ser líder, pero tiene su encanto dejar de serlo. Llega la “jubilación”. Yo ya enseñé la lección; y el que la atrapó, la atrapó, y el que no, no.
Luego retomé mi idea, esa donde le quería compartir un frasenonononón que le escuché apenas hoy a Parise, ocho años después de que me la dijo (¡gracias, YouTube, por congelar el tiempo y convertirte en lo que identifico como el «túnel del tiempo» para poder volver a vivir!), y continué mi conversación.
—Fíjate lo que dijo:
Puede haber algo en ti que te mantiene oculto lo que te enseña un maestro.
De verdad, tuve que poner pausa al video. De esos momentos donde hasta cierro los ojos para que una verdad de ese tamaño pueda terminar de asentar en mi alma. Parise y yo estábamos comentando cómo, incluso cuando tienes frente a ti a un gran maestro enseñándote, unos aprenden y otros no. El maestro es el mismo, la enseñanza es la misma, pero hay «algo» dentro de cada quien que oculta esa enseñanza y le incapacita para aprenderla. De inmediato salió al corolario Jesucristo cuando dijo:
Por eso les hablo a ellos en parábolas: Aunque miran, no ven; aunque oyen, no escuchan ni entienden.
—Mateo 13:13 – NVI
¡Claro! Entendí con asombro que no todos merecen entender.
Y eso es una gran lección, liberadora, para uno como maestro, como líder. Entender que en alguien todavía no ha llegado su momento para entender.
También le alcancé a compartir a mi inteligente y sensible amigo que incluso un día reboté una idea con la IA y esta me alcanzó a decir:
La percepción mata la lógica.
Sí. En cinco palabras, la IA explicó lo que yo me tardo varios minutos y con muchas más palabras en uno de mis cursos de PNL (Programación Neurolingüística): La percepción es lo que en tu mente registra luego de que la información que recibiste la filtran tus creencias.
El maestro te brinda la información. Luego, tú no la recibes como tal. La filtras a través de tus creencias. Ellas te ocultan el acceso a la información que era pura y lógica. Tu percepción mata la lógica.
—Frases muy potentes… que apuntan a cosas muy sutiles —me alcanzó a comentar mi amigo.
Sí. Lo son. A veces, la verdad está ahí, frente a ti, pero quien todavía no está ahí eres tú.
¡Emoción por entender!
Alejandro Ariza Z.
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