Sé que el título de este breve mensaje puede ser atacado por los “pro-anti-positividad-tóxica”, esa nueva generación de expertos en conducta que parecen desconfiar de cualquier frase motivacional, criticando y diciendo que solo son frases para una taza o libro de autoayuda. Sí, son medio amargaitors, por lo menos los que conozco. Aunque, para ser justos, algo de razón tienen cuando critican ciertas exageraciones de algunos autores de autoayuda. Pero también se equivocan al generalizar.
No, no toda frase de aliento es positivismo tóxico.
“¡Tú puedes!” es una de ellas.
Porque si algo he aprendido en la vida es que el ser humano, aun cuando siente que ya no puede más, muchas veces sí puede un poco más.
Hace unos días llegó a mis manos un extraordinario libro de Mel Robbins. En él comparte una frase que me llamó poderosamente la atención:
“Cuando me di cuenta de que, por muy mal que me sintiera, podía realizar aquello que debía hacer, me pareció todo un descubrimiento”.
La autora relata una época particularmente difícil: deudas, problemas económicos, tres hijos, incertidumbre laboral y una profunda sensación de agotamiento. Había días en que simplemente no podía levantarse de la cama. Quien ha vivido algo así sabe que no se trata de flojera; cuando el ánimo se derrumba, incluso las tareas más simples parecen imposibles.
Un día recordó la cuenta regresiva de los lanzamientos espaciales y decidió probarlo:
5… 4… 3… 2… 1…
Y se levantó.
Sin negociar. Sin debatir consigo misma. Sin escuchar todos los argumentos que su mente estaba lista para ofrecerle.
Cuando leí esa anécdota, recordé el consejo que alguna vez me dio un especialista en análisis funcional de la conducta:
—¡No negocies! Hazlo antes de pensar.
Exactamente la misma idea.
Suena el despertador. Si te levantas de inmediato, te levantas. Pero si comienzas a considerar cinco minutitos más, si empiezas a justificar o calcular compensar el tiempo corriendo después, la negociación ya comenzó. Y con frecuencia la mente termina ganando.
Déjame afirmarte algo: muchas veces, el obstáculo más grande no es la situación que enfrentamos, sino el pensamiento que aparece entre nosotros y la acción.
Actúa primero.
Después piensa.
Te sorprenderá descubrir cuántas cosas sí eres capaz de hacer cuando no le das tiempo a tu mente para convencerte de lo contrario.
Tú puedes más de lo que imaginas.
Quizá solo necesitabas que alguien te lo recordara hoy.
¡Emoción por entender!
Alejandro Ariza Z. | Conferenciante inspiracional, autor y médico psicoterapeuta.
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