Hoy, un sistema que tengo me ayudó a recordar dos frases que subrayé hace años en novelas distintas. Y para que yo las subraye, de verdad es porque encontré trascendencia en ellas. Te las quiero compartir:
La primera, de El cuento número trece:
Nos acostumbramos tanto a nuestros propios horrores que olvidamos el efecto que pueden tener en otras personas.
La segunda, de Los cuerpos de las últimas veces:
…lo que no puede hacer es coger y soltar toda esa mierda por la boca sin pensar en cómo va a sentirse la otra parte…
Sincronizó que las recordé pensando en un paciente que hace un momento me escribió para valorar un cambio de fecha de su consulta conmigo, un paciente con problemas de alcoholismo. Pero pasaron los minutos y, mientras más lo reflexiono, menos creo que se trate para casos tan desafiantes como los que viven los familiares de pacientes con alcoholismo.
Con el tiempo uno puede acostumbrarse a muchas cosas.
Se guarda silencio «para llevar la fiesta en paz», mientras que lo que se siente es todo menos paz.
Creamos vicios. Nos podemos acostumbrar a beber de más, a gritar, a llegar tarde, a incumplir promesas, a vivir de mal humor o a hablar sin medir el daño que causa. En mis conferencias he explicado ampliamente que la definición de vicio, filosóficamente hablando, es un hábito malo. Y la definición de hábito es un acto ya inconsciente.
Lo que para uno termina siendo “normal”, para los demás puede seguir siendo doloroso.
Quizá una de las formas más importantes de madurar consiste en recuperar la capacidad de vernos desde los ojos de quienes conviven con nosotros. Darse espacios de reflexión para «ponerse en los zapatos de la otra persona» frente a cómo actuamos con ella es de enorme valor para mejorar como persona y mejorar la relación, calidad de vida para todos.
Porque acostumbrarse a nuestros propios horrores no los vuelve menos horribles.
Ni que quienes nos rodean se hayan acostumbrado a nuestro trato significa que les duela menos.
Hay cosas a las que nunca deberíamos acostumbrarnos.
¡Emoción por entender!
—Alejandro Ariza Z.
Descubre más desde ArizAnécdotas
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
