Este artículo apareció en mi Substack previamente, pero dado que es una anécdota, tenía que compartirla aquí.
Un buen amigo mío se comunicó conmigo y me dijo:
—Alejandro, te paso el teléfono de una persona a la que podemos ayudar. Está buscando emprender. Ayúdale.
—Con mucho gusto —respondí.
Aunque fuera mi cumpleaños, de inmediato llamé al número y la persona no contestó. Se notó cómo el teléfono sonaba varias veces y esa persona que buscaba emprender no tomaba la llamada.
Primera lección de hoy: en mi experiencia personal, los mejores negocios que he generado empezaron por contestar el teléfono. Y ahí empezó la magia de sucesos concatenados que me llevaron a cúspides. Por contestar el teléfono. En fin.
Estoy consciente de que aquí se abren muchas posibilidades como razones por las cuales no contesta el teléfono un mexicano. Pero, en mi experiencia, he visto en orden de frecuencia estas:
- No contesta llamadas de teléfonos desconocidos. Y esta razón, a su vez, es por:
- Por temor a llamadas de cobranza de bancos.
- Por temor a llamadas de extorsión.
- No contesta porque estaba ocupado.
- No contesta porque no escuchó el teléfono.
- Etc.
Seguí con lo conducente: enviarle un mensaje de WhatsApp para darle referencias. Como era día de mi cumpleaños, le escribí que, si podía, me avisara y le llamaría más noche.
Efectivamente, unas horas más tarde me contestó y agendé la llamada.
Tengo el hábito de que, en cuanto acuerdo llamar a una persona a determinada hora, en ese mismo instante, de inmediato, lo apunto en mis recordatorios para que así, por ningún motivo, se me pase cumplir con mi promesa dada. Usar profesionalmente los recordatorios de mi iPhone es una maravilla. Como dice David Allen: «La mente es para generar ideas, no para retenerlas». Para retener estos “pendientes” existen las herramientas. Y hay que saber usarlas y usarlas (dos cosas diferentes).
Total que llegó la noche y le hablé puntual a esta persona. La escuché por largo tiempo. Se explayó hablándome de su vida y el momento en que se encuentra y que, por ello, busca una fuente de ingresos.
Aquí lo importante para la reflexión de hoy: se trataba de un hombre de 59 años de edad, con título de ingeniero industrial y con experiencia laboral, pero que desde la pandemia ha dado tumbos y no levanta su condición económica. De esa manera, estaba buscando un negocio. Le hable de uno donde para emprender solo se necesitan 1,350 pesos mexicanos (unos 77 USD). Le expliqué la enorme e indescriptible ventaja de poder emprender un negocio que, como todo, trabajando, podría generarle mucho, mucho dinero. A mí me consta por más de 12 años, y a mi amigo, aquel que me habló, le consta por más de 24 años, aproximadamente.
No tenía esa cantidad de dinero en ese momento.
59 años.
No tenía 1,350 pesos disponibles hoy.
Lo que continuó en la llamada no es motivo de esta reflexión. Por mi parte, fue algo que me dejó preocupado y triste, pensando cómo ayudar.
Cuando colgué, por cortesía y prudencia, le hablé a mi amigo para informarle que ya había contactado a su referido aunque fuera mi cumpleaños, pero que no, no tenía oportunidad de empezar ya y que esperaríamos para cuando juntara esa cantidad.
En ese momento mi amigo me dijo:
—Ni hablar. Bueno, te mando saludos y te agradezco. Yo estoy volando a Fiji. ¡Ya voy en un vuelo de 15 horas!
—¡Puf! Bueno, duerme y… ¡Disfruta!
Mi amigo tiene 58 años, no terminó la escuela secundaria, es multimillonario en dólares; de hecho, este mes ganó 1,228,000 dólares americanos, además de que se ganó un viaje de premio a Fiji, a todo lujo, todo pagado.
Dos llamadas con diferencia de dos minutos.
En una, con un hombre mexicano, de 59 años, titulado, ingeniero industrial, viviendo en algún lugar del Estado de México, que en este momento no tiene 1,350 pesos disponibles.
En la otra llamada, otro hombre mexicano, de 58 años de edad, volando a Fiji, que no terminó la escuela secundaria y es multimillonario en dólares.
Brevemente, alcancé a comentarle a mi amigo esta reflexión y el impacto que he tenido hoy en ese contraste. Con su característico peculiar humor me dice:
—Por eso yo no fui a la (p…) escuela.
Lo dijo de broma.
O… quizá no. Los hechos ahí están.
Luego, prosiguió diciéndome:
—Como no me dieron mi certificado de secundaria porque me corrieron un mes antes de terminar tercero, regresando, me doy una vuelta a Puebla y voy a comprar la (p…) escuela.
Reí.
Solo porque mi amigo no tiene tiempo para negocios pequeños, no creo que compre la escuela. Si no, yo creo que sí compraría sin ningún problema.
Como esta historia, tengo varias en mi repertorio de observador de la conducta humana. Esta historia para cualquier persona “con estudios”, hasta de posgrado, suele ser un calambre cerebral, en donde, de inmediato y en defensa propia, empiezan los argumentos de que en la vida no todo es el dinero.
Sí, es cierto.
Pero igual de cierto es que muchas veces, sin dinero, no hay acceso a ese otro “todo”.
Quiero aprovechar para decirte algo:
Todos podemos pasar por problemas económicos.
Todos.
Pero si tienes más de 20 o 30 años trabajando, aunque hayas cambiado de trabajos, pero tu vida laboral se cuenta en décadas, y en este instante, mientras lees esto aquí, no tienes ahorrados, disponibles, 1,350 pesos… ni siquiera disponibles en una tarjeta de crédito porque quizá ya usaste todo el crédito y lo debes… estás en un grave, muy grave problema que tienes que resolver.
Estás en un muy grave problema.
Y lo tienes que resolver.
Este hombre de 59 años con el que hablé hoy, que no tuviera esa cantidad de dinero hoy mismo, bueno…, era para emprender. Pero solo hago oración para que no vaya a resbalar. Porque ir a urgencias, la consulta con el ortopedista, las radiografías y enyesar el brazo, más las medicinas, y todo urgente, le costarían más, mucho más de 1,350 pesos. Mucho, mucho más.
No ver un problema no hace que no exista.
No hablar de un problema no hace que no resuene en tu vida.
Simplemente te invito a que observemos de esta breve historia… los contrastes, tan grandes. Y ellos, consecuencias siempre de las decisiones que cada uno de nosotros tomamos.
Tus decisiones troquelan tu vida.
Una sola decisión que tomes hoy, puede darle un giro de 180 grados a tu vida. Para bien.
Piensa un rato en esto.
Quizá pueda ayudarte el incrementar tu inteligencia para el dinero. Por eso escribí un libro al respecto que puedes leer haciendo clic aquí; por eso produje una master class con ese tema que puedes ver haciendo clic acá.
¡Emoción por entender!
Alejandro Ariza Z. | Médico psicoterapeuta, autor y conferenciante inspiracional.
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Desde hace años tengo el privilegio de acompañar personas en sus procesos de crecimiento, cambio y bienestar. Hoy, gracias a la modalidad en línea, puedo hacerlo con quienes viven dentro y fuera de México. Si consideras que puedo serte útil, será un gusto acompañarte dondequiera que estés.


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